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Más que sol y playa: ¿De qué vive realmente la República Dominicana?


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Por: John Vladimir Bencosme

Durante años, la imagen internacional de República Dominicana ha estado asociada casi exclusivamente al turismo: playas, hoteles y vacaciones. Y aunque el turismo sigue siendo uno de los grandes motores económicos del país, la realidad es mucho más compleja. La economía dominicana funciona como una maquinaria donde intervienen múltiples sectores que sostienen el empleo, el consumo y la estabilidad nacional.

Cuando escuchamos que “la economía creció” o que “el PIB aumentó”, muchas personas sienten que se trata de cifras lejanas, desconectadas de su vida cotidiana. Pero la economía no es un asunto abstracto reservado para técnicos o banqueros. Está presente en el precio de los alimentos, en el costo del transporte, en las oportunidades de empleo y en la tranquilidad de saber si el dinero alcanzará hasta fin de mes.

Entender de qué vive realmente República Dominicana permite comprender también sus fortalezas, sus límites y los desafíos que tendrá que enfrentar en los próximos años.

El primer gran motor sigue siendo el turismo. Cada turista que llega al país activa una extensa cadena económica: hoteles, restaurantes, transporte, agricultura, pesca, comercio y servicios. El turismo genera miles de empleos y, sobre todo, aporta una enorme cantidad de divisas, es decir, los dólares que el país necesita para importar combustibles, tecnología, vehículos, medicamentos y materias primas.

Sin embargo, depender tanto del turismo también implica riesgos. La pandemia dejó claro lo vulnerable que puede ser una economía cuando depende del movimiento internacional de personas. Una crisis global, una recesión en Estados Unidos o Europa, o incluso conflictos geopolíticos pueden impactar rápidamente la llegada de visitantes.

Otro pilar fundamental son las zonas francas. Aunque muchas veces pasan desapercibidas para la mayoría de la población, en ciudades como Santiago, San Cristóbal o La Romana se fabrican productos que terminan en mercados internacionales: dispositivos médicos, cigarros premium, textiles, componentes eléctricos y productos industriales.

Este sector genera cientos de miles de empleos y se ha convertido en uno de los principales exportadores del país. No obstante, también enfrenta desafíos relacionados con la competencia internacional, la automatización y la necesidad de aumentar la productividad y los salarios.

Las remesas constituyen otra pieza central de la economía dominicana. Millones de dominicanos en el exterior envían dinero regularmente a sus familias, especialmente desde Estados Unidos y España. Ese flujo económico sostiene hogares completos, financia estudios, construcciones, pequeños negocios y consumo diario.

Pero las remesas también reflejan una realidad incómoda: una parte importante del bienestar de muchas familias depende del esfuerzo de dominicanos que tuvieron que emigrar para encontrar mejores oportunidades fuera del país.

A esto se suma el peso del consumo interno, impulsado tanto por el empleo como por el crédito. En República Dominicana, gran parte del dinamismo económico se mueve a través de préstamos personales, tarjetas de crédito, financiamiento hipotecario y gasto público. Eso explica por qué, incluso en momentos de dificultad, la actividad comercial suele mantenerse relativamente activa.

El problema es que el crecimiento basado en consumo y endeudamiento tiene límites. Cuando los precios suben, las tasas de interés aumentan o los ingresos pierden capacidad de compra, la presión económica comienza a sentirse rápidamente en los hogares.

El campo y la construcción también siguen siendo fundamentales. La agricultura dominicana mantiene una alta capacidad de producción de alimentos básicos, mientras que la construcción genera empleo masivo y mueve grandes cantidades de dinero en toda la economía. Cada proyecto habitacional, carretera, plaza comercial u hotel activa una cadena enorme de actividades económicas.

Sin embargo, el país aún enfrenta retos estructurales importantes. Uno de los principales es la informalidad. Una gran parte de los trabajadores dominicanos opera fuera del sistema formal, sin seguridad social, estabilidad laboral ni protección efectiva. Eso provoca que muchas veces el crecimiento económico no se traduzca automáticamente en bienestar sostenido para millones de personas.

Además, República Dominicana sigue siendo altamente dependiente de factores externos. El país no produce petróleo y depende de importaciones para buena parte de su consumo energético, industrial y tecnológico. Por eso, cada aumento internacional en el precio del petróleo termina impactando el transporte, la electricidad y el costo de vida.

En las últimas décadas, la economía dominicana ha demostrado una capacidad notable de crecimiento y estabilidad en comparación con muchos países de América Latina. Pero el gran desafío ya no es únicamente crecer. El verdadero reto consiste en lograr que ese crecimiento genere mayor productividad, mejores salarios, servicios públicos más eficientes y oportunidades reales de movilidad social.

En definitival, una economía no se mide solamente por los números que aparecen en los informes oficiales. También se mide por la capacidad de las personas de vivir con dignidad, progresar con su trabajo y sentir que el crecimiento del país también mejora su propia vida.

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