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RESUMEN
La inclusión financiera alcanzó los 50.1 puntos sobre 100 en ocho países de América Latina durante 2026, impulsada por una mayor utilización de servicios financieros y la expansión de las billeteras digitales, que ya usa el 49% de la población encuestada, frente al 11% registrado en 2021.
El resultado corresponde a la sexta edición del Índice de Inclusión Financiera de Credicorp, que evalúa el acceso, el uso y la calidad percibida de los servicios financieros en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México, Panamá y Perú. República Dominicana no forma parte de la medición.
El indicador aumentó 1.6 puntos respecto a los 48.5 de 2025 y acumula una mejora de 11.8 puntos desde 2021. Aunque supera por primera vez la mitad de la escala, persisten diferencias entre los países y obstáculos para incorporar a más personas al sistema financiero formal.
Chile recuperó el primer lugar con 59.2 puntos, seguido de Argentina, con 56.9, y Panamá, con 54.3. Ecuador obtuvo 51.5 y Colombia llegó a 50.1. Por debajo de ese umbral quedaron Perú, con 47.7; Bolivia, con 47.5, y México, con 46.7.
Colombia registró el mayor avance anual, al subir de 45.4 a 50.1 puntos. Chile mejoró 2.5 puntos, favorecido por un uso más frecuente de los servicios financieros y una menor dependencia del efectivo.
Las billeteras digitales aparecen como uno de los principales motores del cambio. Su penetración aumentó 38 puntos porcentuales en cinco años y tres de cada cuatro usuarios las utilizan varias veces por semana.
El efectivo, sin embargo, conserva una presencia dominante: el 93% de los encuestados lo emplea en al menos una categoría de sus gastos diarios. Lo que disminuye es su uso exclusivo. La proporción de personas que declara pagar siempre en efectivo sus compras cotidianas bajó al 50%, nueve puntos porcentuales menos que el año anterior.
Durante la presentación del estudio en Lima, Liliana Rojas-Suárez, directora de la Iniciativa Latinoamérica del Centro para el Desarrollo Global, advirtió que todos los países evaluados mantienen brechas importantes y que la región continúa rezagada frente a otras economías emergentes en el acceso a servicios financieros.
La medición muestra así una expansión de los pagos digitales que convive con una dependencia todavía elevada del efectivo y con diferencias en la profundidad del uso de los servicios financieros.





