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RESUMEN
TOKIO. Las principales plazas bursátiles de Asia sufrieron este viernes una de sus jornadas más complejas del año, arrastradas por una ola de ventas masivas que inició en Wall Street. El nerviosismo entre los inversionistas internacionales responde a una creciente cautela sobre la rentabilidad real de las multimillonarias inversiones en Inteligencia Artificial (IA), a lo que se sumaron factores políticos en Estados Unidos vinculados al escrutinio regulatorio de los centros de datos y la persistencia de tipos de interés elevados.
El impacto más severo se concentró en el sector de los semiconductores y el hardware tecnológico, motores fundamentales de la cadena de suministro global en el continente asiático. En Seúl, el índice Kospi retrocedió un 6% al cierre de la sesión tras haber registrado caídas intradiarias cercanas al 9%, presionado por los desplomes de los gigantes de chips de memoria Samsung Electronics y SK Hynix, que sufrieron pérdidas de dos dígitos.
En Japón, el Nikkei 225 cayó un 6%, una contracción que sitúa al principal índice de referencia más de un 20% por debajo de sus máximos anuales, adentrándose formalmente en terreno de corrección bajista. El índice general Topix experimentó un retroceso de magnitud similar, afectado por caídas en firmas clave como Tokyo Electron y Kioxia.
La corriente vendedora también se sintió con fuerza en Taiwán, donde el índice Taiex descendió un 4,5% ante la baja de Taiwan Semiconductor Manufacturing Co (TSMC), mientras que en Hong Kong el Hang Seng retrocedió un 1,2% y las plazas de China continental, como el índice CSI 300, cedieron un 1,4%.
El movimiento en Asia replica la sesión previa en Nueva York, donde el Nasdaq se desplomó un 5,52% y el índice de semiconductores de Filadelfia cayó más de un 12%, borrando cientos de miles de millones de dólares en capitalización de mercado de las denominadas grandes tecnológicas. El mercado comenzó a revaluar el elevado gasto de capital (capex) que las corporaciones han comprometido en infraestructura tecnológica, en un contexto donde las declaraciones recientes de la Reserva Federal apuntan a que el costo del dinero permanecerá en niveles restrictivos por un período más prolongado para anclar la inflación.





